Se levanta doña flor, mira hacia el cielo y descubre la luz del incandescente sol, ella... dejó de vivir en la oscuridad, se dio tiempo para renacer de nuevo, de la mano trae a sus wambritas, con los ojos negros color de tierra nueva y con el brillo de la esperanza de un nuevo amanecer.
Sentadas en aquella piedra, más grande que su propia casa, comen maíz y agua, sus labios recitan palabras en adoración al sol, las plantas, el agua y la tierra... agradecen su paso por este mundo, bailan, cantan sin vergüenza alguna.
No van a las iglesias, no les enseñaron eso... van a las montañas a hablar con Dios, la naturaleza su hogar y cualquier hábitat su altar.
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